En el camino

Un verde intenso, de esos verdes que te transmiten buena energía, tan grande que mis ojos son incapaces de abarcar todo el esplendor que desprenden las explanadas por las que vamos pasando.

Que bonito es el verde, verdad? Hay algo más bonito que el verde de las montañas?

Y allí está otra vez, un color rojizo que se aprecia al fondo del camino, destacando sobre el verde, escondido detrás de un árbol centenario.

Otro pueblecito con casas medio abandonadas, medio destruidas, medio conservadas. Abandonadas por falta de dinero o por ambiciones para llegar a un lugar mejor. Pero si te fijas un poco, miras un poco más allá de las paredes medio en ruinas, puedes llegar a ver una gran belleza. El trabajo de buenos arquitectos y obreros, que dejaron su alma para crear algo que perdurará en el tiempo, aunque ellos no estén.

Todas las casas son diferentes, aunque siguen la misma linea de grandeza y tiempos de gloria. Con sus enormes ventanas mirando al monte. Tranquilidad. Es todo lo que transmite este lugar.

Ahora mismo me gustaría poder viajar al pasado, ver esa época dorada llena de esplendor, en la que todos vivían bien, o al menos, eso parece.

Me invade tristeza al verlo ahora, siento que en parte también me pertenece, que formo parte de todo este declive. Parece ser que aquel, el qué está “por encima” ha dejado “morir” a su nación, a su gente.

De repente otra vez verde, árboles inmensos y flores intactas. El pueblo ha terminado, pero el camino continua. El sol comienza a asomarse vergonzosamente detrás del pico más alto de la montaña. En ese momento me vuelvo a enamorar, de la naturaleza, de Bulgaria.

En el fondo, la montaña alardea con sus blancos picos cubiertos con la más fina y pura nieve. Tengo ganas de que esa nieve llegue donde estamos nosotros, que cubra todo ese gris que invade los pueblos, que todo sea blanco y que solo se vean los reflejos dorados de aquella época.

Sentimientos encontrados es lo que siento, pero no dejaré de recorrer sus tierras, de amar a su gente, mi gente.

Un rayo de sol consigue escapar de la nube y se dirige directo a mis ojos, el color dorado invade el coche y me despeja de mis pensamientos. Se me olvida la tristeza, la nostalgia y ese amor, a veces incomprendido.

Llegamos a una ciudad más grande en la que paramos a tomar un café. Aquí todo cambia, los edificios son más grandes y modernos, llenos de luz y de gente. Ahora todo queda atrás, se nos olvida de golpe todo lo que acabamos de ver por el camino, y volvemos a pensar en nuestros propios problemas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s